Caso cerrado

Sal Maglie, el pitcher perdedor

POR DAVID MARASCO / Letras Libres / 31082007

De 1947 a 1958, los tres equipos de béisbol de Nueva York ganaron dieciocho de los veinticuatro banderines posibles. Fue, verdaderamente, una época de dominación neoyorquina. De aquellos años tenemos muchos recuerdos provistos por el blanco y negro de los noticieros. Tres de ellos se han incrustado más profundamente que otros en la leyenda del deporte: el cuadrangular de Bobby Thomson en 1951, la atrapada de Willie Mays en 1954 y el juego perfecto de Don Larsen en 1956. Curiosamente, hay un vínculo entre esos tres partidos: en cada uno de ellos, el lanzador Sal Maglie estaba sobre el montículo. Aunque no obtuvo victorias y sí una derrota en estos juegos, él es una parte integral de este pedacito de historia.

Sal Maglie tuvo un inicio lento. Primero jugó para las Ligas Menores en 1938, a los veintiún años. Los siguientes años lo vieron ascender en las Menores, pero pasó varios años alejado del béisbol durante la Segunda Guerra, trabajando en algún destacamento de defensa. A los 28 llegó a los Gigantes de Nueva York, en 1945. Al año siguiente brincó a la Liga Mexicana. Por ello se le censuró y no se le permitió volver a las Ligas Mayores hasta 1950. Cuando regresó, a los 33 años, estaba listo para jugar. Después de un sólido 1950, en 1951 fue líder de la Liga con un registro de 23-6 [victorias y derrotas]. Ese año, Maglie llevó a los Gigantes a conseguir el banderín de la Liga Nacional. En 1952 tendría un registro de 18-8, pero caería por debajo de 500 de porcentaje [más derrotas que victorias] al año siguiente. 1954 vería una temporada de 14-6, pero estando ya mayor y cansado, los Gigantes lo dejarían ir en 1955. Cleveland lo contrató, pero lo traspasó a los Dodgers, con quienes tendría una última probada de gloria en 1956, con un registro de 13-5 y un juego sin hit. Se acercaba a los cuarenta, y ningún equipo lo quería incluir en sus planes a largo plazo. De los Dodgers pasó a los Yankees, y finalmente a St. Louis. Pasó sólo siete años en las Mayores, pero parecía que siempre estaba donde se encontraba la emoción.

1951 fue probablemente el año que vio la más extraordinaria batalla por un banderín que se conozca en béisbol. El 11 de agosto los Gigantes se encontraban 13.5 juegos atrás de los Dodgers, sus archirrivales. Los Gigantes tuvieron una tremenda racha y ganaron 37 de 44 partidos, terminando la temporada en un feroz empate. La Liga Nacional declaró que se jugara un desempate a tres partidos. Después de dividirse los dos primeros juegos, la temporada completa se redujo a un día. Los Gigantes enviarían al montículo a un Sal Maglie con un registro de 23-6 para enfrentar a Don Newcombe, con marca de 20-9. Ese año, a la edad de 34, Maglie tenía una marca de 5-1 contra los Dodgers. Newcombe, de 25, tenía marca de 5-2 contra los Gigantes. Ninguno de los dos tendría que ver con el marcador final.

Maglie comenzó de manera titubeante. Después de ponchar a Carl Furillo en el inicio del partido, Sal le concedería una base por bolas a Pee Wee Reese, y después, en cuatro lanzamientos, también caminaría a Duke Snider. Esto trajo al plato a Jackie Robinson, que respondió con un sencillo zumbante al jardín izquierdo, que impulsó la primera carrera del juego. En su turno, Pafko bateó para una jugada forzada y Gil Hodges fue inducido a batear un elevadito: Sal Maglie había sobrevivido a la primera entrada. En las siguientes seis entradas abrumaría y blanquearía2 a los Dodgers.

Mientras tanto, Newcombe también lanzaba un buen juego. El que acabaría siendo el héroe, Bobby Thompson, comenzó el día como cabeza de turco. En la segunda entrada, con hombre en primera, Thomson conectó un batazo por toda la línea. Creyendo que su imparable era un extrabase seguro, Thomson voló a segunda base, pero sólo para encontrar ahí a su compañero Whitey Lockman. Robinson puso out a Thomson y así apagó un posible rally. Otro rally de los Gigantes fue silenciado en la quinta entrada. Con uno fuera, Thomson pegó un doblete al izquierdo. Sin embargo, Newcombe hizo abanicar al novato Willie Mays, y después de caminar al receptor, ponchó a Sal Maglie. Es interesante señalar que las dos figuras legendarias de este juego, Thomson y Mays, eran el sexto y séptimo bat en la alineación de los Gigantes.

En la parte baja de la séptima entrada, los Gigantes por fin pudieron hacerle daño a Newcombe. Monte Irvin, futuro miembro del Salón de la Fama, abrió con un doblete. Y cuando Whitey Lockman intentó avanzar a Irvin a tercera con un toque de sacrificio, los Dodgers defendieron mal y se quedaron con hombres en las esquinas. Entonces Bobby Thomson trotó hacia el plato. Después de recuperarse de una cuenta de 0-2 [cero bolas y dos strikes], Thomson pudo batear un elevado de sacrificio al central que empató el juego. Después de eso, Newcombe recuperó el control y retiró a los Gigantes.

Y Sal Maglie, con ese nuevo respaldo, se desplomó. En la octava encaró a los primeros bates del orden de los Dodgers. Nuevamente, pudo retirar a Furillo, pero entonces los Dodgers comenzaron a lastimarlo. Reese y Zinder batearon sencillos, y estaban en las esquinas cuando Robinson se puso al bat. Maglie perdió el control y lanzó la bola fuera del alcance de su receptor, y así pudo desempatar el hombre en tercera. Durocher, en conferencia, le ordenó a Maglie que embasara a Robinson. Entonces Pafko bateó fuerte hacia Thomson, quien pifió. Cuando se disipó el polvo, los Dodgers habían anotado otra carrera y tenían hombres en las esquinas. Maglie ponchó a Gil Hodges, pero Billy Cox pudo conectar un imparable al izquierdo para que los Dodgers anotaran la cuarta carrera del encuentro. Maglie se hizo cargo de Walter, pero ya perdía 1-4.

En la parte baja de la octava entrada, Henry Thompson bateó por Maglie y lo hicieron out con una rola. El día de Sal había terminado. La historia nos dice que en la parte baja de la novena Newcombe se cansaría, concediendo una carrera. Los Dodgers acudirían al bullpen para traer a Ralph Branca. Con el marcador 4-2 y dos hombres embasados, Bobby Thomson conectaría “el batazo que se escuchó en todo el mundo”, que le daría a los Gigantes el título de la Liga Nacional de 1951.

Después de pasar 1952 y 1953 en el ejército, Willy Mays regresaría a los Gigantes, quienes ganaron 97 juegos, líderes de la Liga Nacional. Llegaron a la Serie Mundial como poderosos no-favoritos, ya que en ese año de 1954 los Indios de Cleveland habían arrasado con 111 victorias, el mejor registro en la historia de la Liga Americana. En el primer juego, compartirían el montículo Sal Maglie y Bob Lemon, que ese año tuvo una marca de 23 victorias.

Igual que en 1951, Maglie tuvo una primera entrada problemática. Sus tres primeros lanzamientos a Al Smith no estuvieron ni cerca de la zona, el cuarto sí se acercó, pero tanto que golpeó al bateador. En su turno, Bobby Avila, campeón de bateo, pegó un sencillo al jardín derecho. Smith se aprovechó de un mal fildeo y llegó hasta tercera. Después, Maglie pudo retirar a Larry Doby con una rola y a Al Rosen con un elevadito. Entonces Vic Wertz llegó al plato y bateó una línea candente por todo el jardín central. Mays y Mueller esperaron la bola, pero para cuando Mays la había devuelto al infield, Wertz ya estaba en tercera y los Indios ganaban por 2-0. Esto preocupó tanto a los Gigantes que pusieron a calentar a Liddle. Maglie pudo terminar la entrada con un elevado al jardín derecho de Philley.

Los Gigantes pusieron rayitas en el marcador en la tercera entrada. Sin nadie fuera, Whitey Lockman bateó un imparable al derecho, y alcanzó la tercera almohadilla cuando Alvin Dark pegó un sencillo al central. Lockman anotó cuando Mueller forzó a Dark en segunda. Mays caminó y entonces Thomson bateó otro imparable al derecho para impulsar a Mueller. Lemon hizo abanicar a Irvin y después terminó la entrada con un rodado de Williams. Después de tres entradas, estaban empatados a dos.

Maglie continuó con un gran desempeño. Más allá de algunos imparables aislados, los Indios no podían hacerle daño. Sin embargo, igual que en 1951, Sal Maglie tropezó en la octava. Abrió la entrada caminando a Larry Doby y a continuación Al Rosen bateó una línea imparable por encima de Dark. Eso bastó a los Gigantes para enviar a Maglie a las regaderas y poner a Liddle en el montículo. El primer oponente de Liddle fue Vic Wertz, quien bateó un largo y profundo elevado que parecía un extrabase, pero entonces Willy Mays completó la que tal vez sea la jugada defensiva más famosa en la historia de las Series Mundiales. Comenzó a correr rumbo a la barda en las profundidades del jardín central. A 137 metros del plato, Willy hizo una atrapada por encima del hombro, giró en el aire y lanzó un fogonazo al infield. Ninguno de los corredores pudo avanzar con la jugada. Ese día, los Gigantes ganarían en la parte baja de la décima entrada con un cuadrangular de tres carreras del emergente Dusty Rhodes. Los sucesos de ese juego inspirarían a los Gigantes a barrer 4-0 a los fabulosos Indios.

En 1956, Sal Maglie estaba con los Dodgers de Brooklyn y no con los Gigantes de Nueva York. Por otro lado, estaba de vuelta en la Serie Mundial. En el quinto juego, enfrentaría al lanzador de los Yankees Don Larsen. Maglie estaba teniendo una gran temporada, habiendo lanzado un juego sin hit unos meses antes y ganado el primer juego de la Serie Mundial. En este día, sin embargo, iba a tener que superar a la perfección misma.

El juego comenzó como uno de los duelos de picheo más espectaculares de todos los tiempos. En las primeras tres entradas ni un solo hombre de los dos equipos pisó base. Después de que Don Larsen retirara a los Dodgers en la parte alta de la cuarta, Maglie iba encaminado a igualarlo. Con dos fuera, le lanzó una curva a Mickey Mantle que rompió sobre el corazón del plato. Mantle la puso en las gradas del jardín derecho del Yankee Stadium. La ventaja de 1-0 fue todo lo que los Yankees necesitaron ese día.

A partir de entonces, Maglie estaría afilado pero no invencible. En la quinta caminó al primer bateador, Enos Slaughter. Billy Martin intentó hacer un toque de sacrificio, pero el out fue forzado en segunda. Entonces Gil McDonald bateó una línea tendida que golpeó a Pee Wee Reese. Reese pudo meterle el guante a la bola antes de que ésta tocara el suelo. Martin ya iba rumbo a segunda, y se le hizo doble play en primera para terminar la entrada.

Los Yankees anotarían otra vez en la sexta. Andy Carey bateó el segundo imparable del juego para abrir la entrada. Larsen empujó a Carey a segunda con sacrificio, y Hank Bauer impulsó la carrera con un sencillo. Joe Collins también bateó un sencillo que empujó a Bauer hasta tercera: parecía que los Yankees estaban a punto de reventar el juego. Mantle vino al plato y bateó un rodado a Hodges en primera. Hodges pisó la almohadilla para retirar a Mantle, y después lanzó a home para sacar a Bauer, pero éste, que anticipó el lanzamiento, intentó regresar a tercera, y finalmente fue puesto out en el tira-tira.

En la séptima, Billy Martin pegó el quinto y último imparable a Maglie, quien salvó el resto de la entrada y retiró, en una muestra de poder y desafío, a los tres bateadores de la octava con tres ponches. Y eso fue lo último que el mundo del béisbol vio de Sal Maglie. En la parte alta de la novena, Maglie fue reemplazado en el plato por el bateador emergente Dale Mitchell, quien se quedó mirando pasar el tercer strike que culminó el juego perfecto de Don Larsen. Sal Maglie sólo había concedido cinco hits y dos bases por bola, pero se topó con un lanzador en plenos poderes. 

A la hora de los balances, Sal Maglie lanzó muy bien en cada uno de esos tres juegos. Aunque se metió en problemas en la octava en 1951 y 1954, fue capaz de sostener a los Gigantes en ambos juegos, y así pudieron ganar el banderín en 1951 y la Serie Mundial en 1954. En 1956 lanzó una gema, pero sencillamente estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. 

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