EL CANEROUSSE

El Canerousse es un diccionario que no sólo enlista términos como: “parado de culo”, “hijo de Francia”, “guerrerazo”, “cargar chanate”, “irse con manos de chango”, “comerse los mocos”… sino construye el mundo desde la perspectiva del delito. Concebir las cosas a partir del marco del habla canera atrae porque equivale a entender la expresión del delito como vivencia común. “Relingos”, “picar chueco”, “poner cartelón”, muestran una dimensión social donde el decir no sólo equivale a significar ni a hacer algo sino proyecta una postura ante la vida y, principalmente, una complicidad de entender un código. El problema, como luego me diría algún recluso, es que si lo “capeaste” ya estás dentro de la “transa”, y esa complicidad hace comunidad a partir de lo que se dice y, por supuesto, de lo que se calla.

El Canerousse no sólo es un listado de términos criminales sino un testimonio de vida a partir de caracterizar lo humano. “Los mostros”, por ejemplo, son la población más jodida de estos muros. Su indigencia dentro del reclu es signo de destino propio: siempre tirados en el piso de concreto, en su playa particular, duermen con la panza al sol, hurgan las sobras del rancho o la hacen de trampolín para conseguir dinero o piedra; su dormitorio, el castillo de los mostros, se caracteriza no sólo por el hedor de sus habitantes sino por el eterno clima carceleado de quienes son los abandonados de todo y de todos.

Alejandro Montes Bajos fondos Diccionario Hampa Sergio González Rodríguez