Expediente

“Jotos, transexuales, raros, punks y otras mentes perturbadas”: Limp Wrist en México

POR JAVIER IBARRA / Vice / 02 04 2018

UNO. 

Punk significa Martín Sorrondeguy. Este tipo de raíces uruguayas que emigró a los Estados Unidos de niño y hoy luce gordo, peludo, calvo, gay, que grita con emoción, toma fotografías, hace flyers, realizó un documental sobre la escena latina de punk en Estados Unidos (Beyond the screams: A U.S latino hardcore punk , 1999), entre otras cosas, la gente que ha dado el salto al mundo de la música que se convierte en rabia y ruido lo llama Martín Crudo.

Quienes lo seguimos hasta el día de hoy con su banda de queer punk que se formó en 1998, Limp Wrist, supimos de él gracias a la discografía –setenta y cuatro canciones de HC puro– de Los Crudos, editada en 2002 por distintos sellos (Difusión Libertaria La Idea, Ugly Records, Reacciona, etcétera). Mientras que otros de la vieja escuela llegaron a Sorrondeguy y compañía porque pudieron verlos tocar en vivo, durante una serie de conciertos que hicieron en diferentes lugares del país; como en el Ex Balneario Olímpico de Pantitlán, en 1994.

Martín Crudo está atado al punk, a lo underground y subnormal, gracias a lo que representa su antigua banda (Los Crudos) para el hardcore latino, cuando comenzaron a hablar en sus canciones –gritando en español cosas como: “Frustrado me siento / con los padres que no enseñan la lengua nuestra / que crían a sus hijos con la vergüenza de ser latinos / y se creen tan americanos”– acerca de los problemas (racismo y discriminación) que aquejan al migrante en los Estados Unidos. Problemas que él y los demás integrantes de uno de los grupos más emblemáticos del HC noventero en todo el mundo, desde su formación en 1991 vivieron en carne propia, al surgir del barrio hispano de Pilsen, el cual se encuentra en Chicago; pintando así el camino para otras agrupaciones latinas que hasta la fecha buscan dar a conocer su represión.

Hoy Martín Crudo tiene más de treinta años dentro del punk y hardcore DIY. Vive, sueña y aun cuando las canas de su barba dejan ver todo el recorrido que ha hecho, sigue fiel dentro de esa subcultura que descubrió en la adolescencia, gracias a unos primos que vivían en Nueva York. Ellos le presentaron a las bandas de cabecera, las que dan la patada de buena suerte para entrar al pogo: Sex Pistols, Ramones y The Clash; sin imaginar en lo que vería cambiar, crecer y rejuvenecer a la escena musical de pelos parados, en particular la de los Estados Unidos, donde suele ser muy común encontrarlo en algún festival, en algún show; como ocurre en un video de Generación Suicida tocando en el Manic Relapse Fest de Oakland, California, donde Sorrondeguy aparece ahí, a un costado de los amplificadores, sosteniendo su cámara y disfrutando del sonido de aquellos angelinos de orígenes nicaragüenses, guatemaltecos y mexicanos, a quienes quizá les duplica la edad.

DOS. 

Vida Subterránea Discos y Cintas, tienda dedicada al punk que apenas, a principios de marzo cerró sus puertas por razones desconocidas, fue quien trajo a Limp Wrist por primera vez al país. La noticia, aproximadamente tres meses atrás, rápido circuló entre cualquier escucha de la movida actual. También con los viejos y nostálgicos seguidores de Los Crudos. Todos mostraban emoción por el regreso de Martín Crudo después de más de veinte años a la Ciudad de México, sólo que ahora siendo acompañado por su sequito transgresor de homocore: Scott, Andrew y Paul; ligados a otras bandas de hardcore gringo como Devoid of Faith y By The Throat.

La propaganda de color rosa daba a conocer que Limp Wrist, la noche del 27 de marzo, estaría tocando en el Cosa Nostra, ubicado en la calle Dr. Lavista número 190 de la colonia Doctores, enfrente de La Catedral de la Lucha Libre, Arena México. No obstante, por la gran demanda de los boletos, más la inmensa cantidad de ruido que incluso llegó a otros Estados de la República y países como Guatemala o Costa Rica, la sede se movió a la periferia, al Foro Ecatepec, sobre la horrible Avenida Central, a unos pasos de la estación del Metro Río de los Remedios de la Línea B. El Foro Ecatepec es un viejo recinto que conoce a la perfección gran parte del bagaje punk chilango, ya que antes, cuando era conocido como El Clandestino, todo el tiempo acostumbró recibir bandas rotas, tucuperas, muy “punk de la montaña”; como dirían los Sankinpankin del Chayito Hardcore.

En la parte superior del flyer se podía leer: “Jotos, maricas, transexuales, raros, punks y otras mentes perturbadas”. Así era la peculiar invitación a presenciar a Martín Crudo con Limp Wrist, para disfrutar de algunos temas que forman parte de su discografía hecha a base de demos, LP’s, sencillos, más algunas participaciones en compilados y splits.

TRES. 

Limp Wrist, como Los Crudos, más que una agrupación de punk es un escape de salida, una máquina que todo el tiempo va a máxima velocidad sin dejar de ser reflexivo, desde el momento que centra su furia en el sentir de la comunidad gay, escupiéndole en la cara a cualquier homofóbico que se ponga enfrente, pateando culos y partiendo de un pensamiento contestatario que queda reflejado en canciones como “Just like you”“Fake fags”“Como vos” y, por su puesto, “I love hardcore boys”, su tema central, el que los identifica y los hace hondear la bandera LGBT con fuerza, a su manera.

Y a pesar que ahora, en una etapa de la vida “más de mente abierta”, Martín Crudo, aun cuando con ambos grupos –más otros proyectos de los que formó parte como Needless o Trágatelo– ha trascendido en el hardcore, existe quienes tienen un prejuicio interminable, en relación a que aquel vocalista rudo y violento de los años noventa sea “puto”, “marica”, o cualquier palabra-etiqueta que roce con la discriminación y no tenga nada de punk, nada de intentar ser incluyentes dentro de los espacios alternativos donde, en lo más mínimo, no tendrían que darse situaciones así.

Martín Crudo, siendo parte de la poderosa escena punk de Chicago junto a bandas que también surgieron de ahí como Charles Bronson y MK-Ultra, salió del closet a mediados de los noventa, en una etapa donde Los Crudos cada día que pasaba eran más populares y viajaban a tocar por diferentes países. En entrevistas ha dicho que sus amigos más cercanos lo apoyaron, sin embargo, algo que lo decepcionó, fue que parte de la comunidad de punk latino se molestó, no entendió y tampoco aceptó que el frontman de la banda más emblemática de HC en español fuera homosexual.

Con el paso del tiempo todo eso negativo terminó siendo algo inspirador para un montón de chicas y chicos que ahora tienen –o tuvieron– los mismos problemas, las mismas preguntas de sus preferencias sexuales, dejando ver a Martín Crudo como ya no sólo una insignia del punk latinoamericano, sino que, también, convirtiéndose en un ejemplo a seguir, demostrando que para todo se pueden saltar obstáculos, con la finalidad de sentirse libres y ser uno mismo, sin apariencias.

CUATRO. 

El Foro Ecatepec se llenó en su totalidad. Decomposed SocietyCremallerasRiña y FZ-10 fueron las cuatro bandas que comenzaron a hacer realidad la primera visita de Limp Wrist a México. Todos esperábamos con ansias y, porque no decirlo, morbo, ver en persona a Martín Crudo, a aquel sujeto que, a mediados de los ochenta, viviendo en Chicago, se vio atraído por el sentir de inconformidad que destilaba en el interior de los sótanos, okupas y demás espacios prohibidos con las características necesarias para realizar un show de hardcore. Igualmente, al mismo tiempo, comenzó a interesarse por la fotografía de Anne Noggle, Nan Goldin, Diane Arbus, Murray Bowles, entre otros artistas que lo inspiraron a tomar retratos y capturar bandas tocando en vivo, montar exposiciones; involucrando así al arte con el punk.

Limp Wrist inició a tocar minutos antes de las 10:30 de la noche. Y el Foro Ecatepec, aun cuando sus luces elegantes con estilo de cena romántica, más la extraña situación que estaban cobrando por mear o cagar en sus baños, pasó a segundo término en cuanto Martín Crudo apareció arriba del escenario vistiendo como el policía bigotón de Village People, pero de una forma vulgar: con una especie de tanga de mezclilla, sobrero, tirantes de cuero y una playera blanca con inmensos penes que se ponían más firmes por su prominente panza. Así Limp Wrist inició su show tocando “Facades”, tema que abre su último álbum, publicado en 2017 por La Vida Es Un Mus y, también, por el mismo sello de Sorrondeguy: Lengua Armada Discos.

Martín Crudo contemplaba el mar de gente –alrededor de mil personas– que se dio cita en el Foro Ecatepec y bailaba al ritmo de sus canciones, en un día “nada común” para que un show de punk se declarara sold out. No obstante, estoy seguro de que recordó su primera vez en México con Los Crudos, de la cual, en diversas ocasiones, ha venido diciendo que sintió como si hubiera retrocedido en el tiempo; como si otra vez fuera un adolescente de los ochenta, viviendo a flor de piel toda la fiebre del hardcore más agresivo y peligroso en Estados Unidos, durante la presidencia de Ronald Reagan.

Pero la noche del martes tampoco decepcionó a Martín Crudo. Quizá volvió a sentir lo mismo, sólo que ahora como si se encontrara en la década de los noventa, pisando tierras aztecas otra vez, y dándose cuenta de que el punk hecho en México no ha perdido esa ira que se conoce por lo que alguna vez hicieron los Yap’sSediciónAtoxxxicoMassacre 68Desobediencia Civil, entre otros; por lo cual, ahora, con una nueva camada de jóvenes bandas procedentes de Doomsday RecordsGrabaciones Pinche EngendroCintas Pepe, etcétera, el punk mexicano recibió otra vez a Sorrondeguy, quien no pudo evitar mandar saludos a las viejas caras conocidas de hace mucho, cuando la misma mierda sobre la que gritaba siguen siendo unos “asesinos”; aún sin sentirse una bailarina a gogó de los años sesenta, y sin tantos ademanes femeninos entre cada uno de los temas de Limp Wrist.

En el show había gente de todo tipo, gente ligada a distintos estilos y pensamientos que han brotado de las entrañas del punk. Sin embargo, otros que se interesaron por lo excéntrico de la tocada, sin saber quién diablos es Martín Crudo, encontraron un canal para sentirse vivos y mantener firme el orgullo gay, su manera de ser. Por un lado, se podían distinguir grupos de chicas feministas organizando su propio baile lleno de diversión. Por otro sobresalían travestis que se mezclaban con skinheads, “hípsters”, punk rockers, darks, tipos rudos del viejo DFHC; todos dentro de un remolino de brincos, golpes y patadas que sólo era un estruendo. Incluso, el Foro Ecatepec, por momentos parecía un hoyo funky del extra radio capitalino, donde Sorrondeguy, junto a sus chicos de Limp Wrist empapados en sudor, daban catedra y llevaba la batuta de la noche más “jota” del punk chilango.

“Sino sabían que Martín Crudo es puto, ahora lo saben”, advirtió, para que canciones más adelante, en medio de otra pausa de su presentación que duró aproximadamente una hora –sin encores y pendejadas del tipo “Morrissey en el Vive Latino 2018”–, el antiguo líder de Los Crudos también agregara: “A Martín le gusta divertirse […] Le gusta chupar verga”.

Todos los que fuimos al show sentimos que será la mejor tocada de punk por mucho tiempo. Algo raro se respiraba dentro del Foro Ecatepec. Y entre la humedad y los fétidos olores que se propagaban, Limp Wrist, como el punto de ebullición en medio de un contexto esquizofrénico y radical, hizo que el regreso de Martín Crudo a México –fuera del closet–, comandando al grupo más sensual y queer punk que ha tocado en el país, al final de la velada se mezclara con una verdadera melodía pop que interpretaba la cantante Fey en los años noventa, idónea para bailar en algún antro gay, en cualquier rincón de México con un panorama amplio para convivir. “Po-po-popocatepelt / Narana, nara, ye / Narana, pum, pum”, retumbaba en las bocinas, y fue lo último que se escuchó cuando Sorrondeguy bajaba del escenario, recibía besos y abrazos, y se tomaba fotos con quien fuera.

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