Expediente

Cronista de un mundo raro

POR LUIS CASTRILLÓN / Revista Replicante / 18 07 2018

Parafraseando a Martín Caparrós, el cronista argentino, se puede afirmar que la crónica debe buscar, para luego contárnoslas, esas cosas que “definen un poco la forma en que vivimos”. Esa forma es finalmente el mundo que habitamos y que puede tener varias extensiones, desde el pequeño microcosmos de nuestro hábitat más cercano hasta la historia de una población, un estado o una nación completa.

Además de esa búsqueda, el segundo reto es encontrar la manera de contarla. Una que no sólo muestre, sino que además termine por ayudarnos a entender esa forma y ese mundo.

En Aquí no es Miami [El Salario del Miedo-Almadía, 2013] Fernanda Melchor cumple las premisas anteriores explorando ese mundo inmediato que la rodeó durante varios años de su vida en el puerto más famoso de México, al que Agustín Lara le dedicó una de sus tantas canciones: Veracruz.

Por medio de la tradición oral mezclada con la acuciosa investigación in situ, la entrevista clave, la charla coloquial, el diálogo en un café o una cantina, la reportera reconstruye historias cercanas con detalle suficiente, sin retórica excesiva, alejándose de suposiciones sin fundamento o florituras innecesarias retomadas del lenguaje literario.

En la escritura se le nota el oficio. Uno que pareciera no ser tan común hoy en el periodismo mexicano que normalmente se queda corto, clavado en la inmediatez y que sucumbe en un olvido injusto para los protagonistas de tantas historias que definen no sólo su propia vida, sino la de otros tantos.

El logro final es contundente. Melchor logra sacar a Veracruz de su contexto geográfico físico y ponerlo a la mano de cualquiera que pase la mirada por las páginas del libro. Expone historias de su infancia, de reinas de belleza defenestradas, de criminales que encuentran en su forma de ser hacerse justicia ante lo implacable de la vida en la miseria, relaciones de poder ilegal y político, e incluso narraciones de carácter sobrenatural.

El compendio es ilustrativo. Veracruz no sólo es carnaval, es un pueblo mexicano plagado de leyendas conocidas en el resto del país, de historias pasadas y actuales que duelen y causan estupor.

Aquí no es Miami suma a esa bibliografía popular nuevas narraciones que han pasado apenas por algunas páginas de periódicos, de ésas que se pierden convertidas en envoltorio de artículos frágiles o para tapar ventanas en edificios clausurados, o que terminan cubiertas de alfombras de excremento en la jaula de algún pájaro.

El trabajo de Fernanda Melchor apela a una necesidad básica de las sociedades humanas de contarnos historias, pero que hoy día ha dejado un poco de lado el recurrir a historias ficticias, de la literatura en general, y que rebusca en sus propios aconteceres. Al cierre del libro lo logra. Cuenta para dar sentido.

En la manera de contarlo se descubre también esa condición necesaria para el reportero de convicción y vocación: la capacidad de sorprenderse todo el tiempo y de buscar la sorpresa hasta en el más ínfimo detalle. Sabedora del método para escribir periodismo recurre a esa capacidad de fascinarse con lo que ve, lo que escucha, lo que ha vivido en persona y a través de las voces de otros; no sólo las desgastadas voces oficiales, sino las de aquellos involucrados directa o indirectamente en cada historia, los que muchas veces ni siquiera alcanzan a emitir una palabra antes de ser ignorados por la inmediatez.

Como número cabalístico, la periodista seleccionó trece historias que retoman anécdotas de su infancia, reconstrucciones de hechos de los que conoció de oídas o leyó en los periódicos: relatos de fantasmas, de sicarios, de migrantes, de violencia explícita, de la simulación de autoridades, plagadas todas de humor, sarcasmo, dolor, amargura, cinismo e incluso romance.

Pluma y teclado a la mano elabora una imagen narrativa de su propio estado recurriendo también a toda la honestidad posible, la que pone ella de entrada como garante de su oficio y la que extrae a punta de preguntas precisas de sus entrevistados y de la posterior investigación para verificar datos.

No escapa, en ese sentido, la base informativa de su trabajo. No hay que equivocarse, Aquí no es Miami no es sólo una compilación de historias que se han vuelto populares en ese puerto del Golfo de México ni de hechos noticiosos comentados de boca en boca, es ante todo un riguroso trabajo periodístico que cumple con interpretar y explicar.

En sus “Apuntes sobre el oficio de un cronista” Julio Villanueva Chang, editor de Etiqueta Negra, al preguntarse qué tanto puede un cronista iluminar el mundo que retrata, describe una reflexión del novelista francés Somerset Maugham: Después de contarle a sus nietas historias por las noches, Maugham las veía caer rendidas por el sueño. Procedía entonces a apagar la luz y antes de cerrar la puerta de la habitación de las infantes reflexionaba que “un narrador, en el fondo, no es más que eso: el que apaga la luz”.

“Un cronista, por el contrario, es el que la enciende”, dice Villanueva Chang al respecto.

Fernanda Melchor, con Aquí no es Miami, enciende la luz el tiempo y en el espacio suficientes para iluminar un poco de ese sitio en el que ha habitado, para permitirnos a todos atisbar lo suficiente dentro de los relatos y conocer un poco más del mundo extraño y particular que decidió contarnos. 

RELACIONADO

El mundo es ancho y ajeno

El mundo es ancho y ajeno

Eugenio Partida narra con una prosa a veces aerodinámica y a veces parsimoniosa —siempre ruda, desaseada a veces, sin florituras— lo que pasa ante sus ojos y, principalmente, lo que le sucede a él.

Leer más
De ferias, cifras y editoriales

De ferias, cifras y editoriales

El libro, su producción y difusión, se ha visto en serias dificultades que, sin embargo, a su vez han estimulado nuevos esfuerzos. Aquí la propuesta de la editorial “El Salario del Miedo”.

Leer más
Breve tratado sobre el amor, la tinaja y el hielo

Breve tratado sobre el amor, la tinaja y el hielo

Se suponía que no había alcohol en kilómetros a la redonda. Ni una gota. La mentada ley seca me tenía apañado y bien chupado. Así que me estiré y bostecé como perro…

Leer más